Shunko, el pequeño gran caballo
Cuando lo visito
el me escucha llegar.
Ya conozco su relincho,
todo comienza a vibrar.
Al ir pasando los meses
se fue haciendo más fuerte;
ahora es todo un caballo
que reluce bajo el sol.
Cabalga por el campo,
intrépido y bravío,
con toda la energía
que sólo él puede tener.
Yunko, mi querido amigo,
potro de campo oscuro,
a la tarde desapareces
y no sé a dónde vas.
Sueño con poder montarte
y perdernos en el horizonte,
para al infinito cabalgar
llevados por el viento norte.
Y si miro para atrás
vislumbro a Sancho y Guaira
que nos siguen bien de cerca
con su fuerte galopar.
Y al final de nuestro camino
bajo el abrigo de un sauce
nos confundimos con las estrellas
que nos quisieron acompañar.
Yunko, mi querido Yunko,
siempre te voy a amar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario